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El futuro es inclusivo

by Momo

Siempre he pensado que las personas venimos a este planeta, con esta consciencia, a experimentar, sentir y conocernos a nosotxs mismxs.
Hace un par de años empecé a cuestionarme mi sexualidad, a preguntarme si mis preferencias sexuales eran las que yo había escogido o las que me habían enseñado que tenía que tener.

¿Me gustaban los hombres porque lo había escogido yo, o porque me habían enseñado que me tenían que gustar?, ¿por qué nunca había salido con una mujer? y, si salía con una, ¿eso me hacía lesbiana?
Entonces me di cuenta de que no tenía una respuesta para eso.
Decidí que iba a empezar a experimentar nuevas situaciones, en las que, voluntariamente, me iba a exponer para explorar otros gustos, buscando la elasticidad de mis preferencias y, lo más importante, descubrir nuevos sentimientos.

Quería honrar mi individualidad, mi originalidad, buscar mi propio camino.

Erving Goffman en 1959 nos dijo que “el género, no la religión, es el opio de las masas”. Empecé a notar la gran relevancia que tiene el género, desde la forma en que nos comunicamos, hasta en la forma en la que, como sociedad, nos desarrollamos.

Cuanto más binarismo encontraba, menos sentido tenía; además, ¿por qué nos esforzamos tanto en ver lo que nos diferencia y no en lo que nos une? Entonces, en paralelo a nuevas experiencias, empecé a esforzarme para que mi lenguaje fuera más neutral y, por ende, más inclusivo. Era una mezcla de miedo e inseguridad por exponerme a situaciones nuevas, y al mismo tiempo, un deseo enorme de enfocarme en lo que realmente era importante, en los seres humanos y no solamente en su género.

Cuando iba a salir con una chica o contar una historia sobre una cita y/o experiencia con una mujer, me era más fácil – socialmente – decir que iba a salir con una persona. Me di cuenta que así me “salía con la mía” y podía contar mis aventuras sin llevar a mi audiencia a estereotipos, a que me etiquetaran o que asumieran mi orientación sexual. Me podía resguardar en un lenguaje más neutro y dejar que fuera yo quien definiera mis preferencias.

Empecé a emplear esto en todos los ámbitos de mi vida, con todos los seres humanos con quienes me relacionada, poco a poco viendo lo mucho que nos enfocamos en estos detalles, que en las trivialidades que poco importan.
El lenguaje inclusivo es un lenguaje más justo, menos violento; incluso lo veo como un gesto político y civilizado, ya que estoy liberándome de exclusiones, de maltrato indirecto y hasta de roles de género que no son pertinentes cuando hablamos de relaciones.

Al ampliar mi lenguaje y mi sexualidad, pude darme cuenta que el mundo en el que quiero vivir es un mundo más justo.

Después de esta hermosa exploración, llegué a la conclusión “inconclusa” de que ahora me siento más cómoda con el término pansexual, precisamente porque me parece que es la definición más amplia e inclusiva para mi forma de vida, porque me aleja de encerrarme en una etiqueta .
Definirme como pansexual me ha permitido enfocarme en los seres humanos, en sus vivencias, personalidades, gustos, en su verdadera esencia y no me limito a poner, inmediatamente, una barrera en cómo es o no es su género ni en los órganos que tienen o no sus cuerpos, buscando así un futuro que sea más inclusivo para mí y todas las personas de las que me rodeo.

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